La educación está viviendo una paradoja que ya no podemos ignorar. Mientras numerosos países restringen el uso de teléfonos móviles en las escuelas, la inteligencia artificial en educación avanza rápidamente en aulas, universidades y procesos de investigación.
¿Estamos ante una contradicción? No necesariamente.
Los documentos publicados en 2026 apuntan hacia una conclusión mucho más interesante: el problema educativo ya no consiste simplemente en decidir entre pantallas o libros, tecnología o enseñanza tradicional, inteligencia artificial sí o no. La cuestión central es qué capacidades humanas estamos desarrollando o debilitando cuando utilizamos estas tecnologías.
Y los datos más recientes merecen atención.
PISA 2025: los nuevos datos que deberían preocuparnos
El 8 de septiembre de 2026, la OCDE publicó el primer volumen de resultados de PISA 2025: Future-Ready Students. Más de 760.000 estudiantes de 15 años, pertenecientes a 91 países y economías, participaron en la evaluación, representando aproximadamente a 33 millones de jóvenes.
Los resultados muestran un escenario complejo.
Entre 2015 y 2025, el promedio de los países de la OCDE descendió 22 puntos en matemáticas, pasando de 485 a 463. En lectura, la caída fue todavía mayor: 28 puntos, de 489 a 461. Además, alrededor del 20 % de los estudiantes presenta actualmente bajo desempeño simultáneo en ciencias, matemáticas y lectura; en 2022 era el 16 %.
Pero hay otro dato que resulta particularmente interesante en tiempos de inteligencia artificial.
La OCDE señala que la denominada “lectura apresurada” leer rápidamente pero con menor precisión casi se duplicó entre 2018 y 2025, alcanzando el 9 %. Al mismo tiempo, PISA advierte sobre el deterioro de capacidades especialmente necesarias en la era de la IA: evaluar información, relacionar diferentes fuentes y pensar críticamente sobre lo que se lee.
Esto debería hacernos pensar.
Cuando una herramienta es capaz de resumir un documento en segundos, leer profundamente, interpretar, contrastar y verificar información deja de ser menos importante; se vuelve todavía más importante.
¿Las pantallas están afectando el aprendizaje?
El debate tampoco puede reducirse a afirmar que las pantallas son buenas o malas.
UNESCO informó en marzo de 2026 que 114 sistemas educativos, equivalentes al 58 % de los países monitoreados, ya habían establecido prohibiciones nacionales sobre teléfonos móviles en las escuelas. En junio de 2023 esa proporción era apenas del 24 % y, a comienzos de 2025, había llegado al 40 %.
Pero atención: estamos hablando principalmente de restricciones al teléfono móvil, no de una eliminación general de la tecnología educativa.
De hecho, PISA 2025 introduce un matiz decisivo. La OCDE encuentra que el uso moderado de dispositivos digitales con fines de aprendizaje se relaciona con mejores resultados en ciencias, mientras que el uso excesivo y la distracción digital se asocian con peores resultados. Más de uno de cada cuatro estudiantes señaló que sus compañeros se distraían con dispositivos en la mayoría o en todas las clases de ciencias.
Por tanto, quizás hemos formulado mal la pregunta.
No basta con preguntar:
¿Cuánto tiempo utiliza una pantalla el estudiante?
También necesitamos saber:
¿Qué está haciendo intelectualmente mientras la utiliza?

“El algoritmo en la habitación”: el documento de UNESCO que debemos leer
Aquí aparece uno de los documentos educativos más oportunos de 2026.
También el 8 de septiembre, UNESCO publicó The Algorithm in the Room: Seeing and Confronting the Implications of AI for the Future of Education que podemos traducir como El algoritmo en la habitación—, una compilación de 26 textos de reflexión sobre las implicaciones de la inteligencia artificial y los sistemas algorítmicos para el futuro educativo.
El título juega deliberadamente con la expresión “el elefante en la habitación”: una realidad enorme que todos conocen, pero que no siempre se discute suficientemente.
La idea resulta contundente para comprender que ya tenemos encima un cúmulo de problemas que no queremos mirar de frente y darle curso a soluciones. El problema ya no es únicamente la pantalla que podemos ver.

Detrás de la pantalla también existe un algoritmo.
Los sistemas algorítmicos seleccionan, organizan, recomiendan y ahora también producen información. Por ello, discutir educación e inteligencia artificial implica preguntarnos quién diseña esas tecnologías, con qué datos funcionan, qué conocimientos representan, qué perspectivas pueden invisibilizar y cuánto poder estamos delegando en ellas.
Hasta hace poco preguntábamos:
¿Qué está leyendo el estudiante?
Ahora debemos agregar:
¿Quién decidió mostrarle esa información?
Y con la IA generativa aparece una pregunta todavía más profunda:
¿Quién está pensando?
Utilizar IA no puede significar delegar el pensamiento
UNESCO ya había adelantado esta preocupación en sus marcos de competencias en inteligencia artificial.
El Marco de competencias para estudiantes propone 12 competencias organizadas en cuatro grandes dimensiones: enfoque centrado en el ser humano, ética de la IA, técnicas y aplicaciones de IA y diseño de sistemas de IA. Su progresión va desde comprender, pasando por aplicar, hasta crear.
Para los docentes, UNESCO establece 15 competencias distribuidas en cinco dimensiones, incorporando, además, la pedagogía de la IA y su utilización para el desarrollo profesional.
Hay algo que une ambos documentos: la agencia humana.
La finalidad no debería ser formar estudiantes capaces de pedirle mejores respuestas a una máquina.
Necesitamos formar personas capaces de evaluar esas respuestas, cuestionarlas, contrastarlas y decidir cuándo utilizarlas y cuándo no.
La integridad académica también está cambiando
Esta transformación tiene enormes consecuencias para las universidades.
Durante décadas, la integridad académica estuvo asociada principalmente con plagio, originalidad y citación de fuentes.
La inteligencia artificial generativa introduce otro problema: un texto puede ser completamente nuevo y, sin embargo, no representar el pensamiento de la persona que lo presenta.
Por ello, las universidades deberán comenzar a formular preguntas diferentes:
¿Quién tomó las decisiones intelectuales?
¿Las fuentes fueron verificadas?
¿Se utilizaron referencias reales?
¿El uso de IA fue transparente?
¿El estudiante puede explicar y defender aquello que entregó?
La Comisión Europea actualizó precisamente en junio de 2026 sus directrices para el uso ético de la inteligencia artificial y los datos en enseñanza y aprendizaje, reforzando aspectos como alfabetización crítica, privacidad, evaluación de riesgos y toma de decisiones informadas.
Entonces, ¿qué educación necesitamos?
No necesitamos una educación que tenga miedo de la inteligencia artificial.
Pero tampoco una educación fascinada por ella hasta el punto de entregar a los algoritmos tareas intelectuales que nuestros estudiantes necesitan aprender a realizar.
Necesitamos recuperar algo mucho más importante: el criterio.
Criterio para leer.
Criterio para preguntar.
Criterio para comprobar.
Criterio para reconocer una respuesta incorrecta.
Criterio para utilizar una IA y también para saber cuándo cerrarla.
Los resultados de PISA 2025 y las nuevas reflexiones de UNESCO parecen encontrarse justamente allí.
La educación del futuro no será mejor simplemente porque utilice más tecnología. Será mejor si logramos que esa tecnología amplíe nuestras capacidades sin sustituir nuestra responsabilidad de pensar.
El algoritmo ya está en la habitación.
La verdadera pregunta es si permitiremos que ocupe el centro.
En EmpowerTIC apostamos por otra posibilidad: tecnología, innovación y competencias digitales, sí; pero con las personas, el pensamiento crítico y la educación en el centro.
Fuentes principales
- OCDE. PISA 2025 Results – Volume I: Future-Ready Students.
- UNESCO. The Algorithm in the Room: Seeing and Confronting the Implications of AI for the Future of Education.
- UNESCO. AI Competency Framework for Students.
- UNESCO. AI Competency Framework for Teachers.
- UNESCO GEM Report. Phone bans in schools are spreading worldwide.
- Comisión Europea. Updated guidelines on the ethical use of artificial intelligence and data in teaching and learning.



